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martes, 26 de septiembre de 2017
¿Qué educar en las niñas de 10 a 12 años?
Están en la edad apropiada para desarrollar valores como: el estudio, la generosidad, el servicio a los demás, la responsabilidad y la fe.
Por: María González Elespe
Por: María González Elespe
El conocer los períodos sensitivos en los que están las niñas facilitan la formación, ya que aunque los seres humanos, gracias a nuestra voluntad, podemos ponerlos en marcha cuando ya no estamos en la edad adecuada, el aprovechar su tiempo natural nos evitará el tener que desarrollar una fuerza de voluntad muy superior. Por ejemplo, los períodos sensitivos para adquirir un idioma están entre 1 y 4 años, donde se aprende fácilmente, sin embargo, todos tenemos la experiencia propia o cercana de lo costoso y difícil que es aprender un idioma con más de 20 años, para además no conseguir hablarlo a la perfección. Conseguir se consigue, pero serán más completos y menos costosos los aprendizajes, siempre que se realicen dentro de su tiempo natural.
A esto me refiero con los períodos sensitivos.
La edad de oro de aprendizaje de los hijos suele terminar antes de los 12 años, ya que el 80% de los períodos sensitivos transcurren en ese tiempo. Si se dedica tiempo a la formación de los hijos hasta esa edad, nos evitaremos la mayor parte de los problemas que surgen en la edad adolescente.
Hablemos brevemente de cada uno de ellos:
El estudio: están viviendo períodos sensitivos como el afán por aprender y la tendencia a la curiosidad. Saber cosas nuevas les apasiona, por lo que cuando una niña no estudia hay que pensar que existe un problema y la única forma de que se recupere es descubrirlo cuanto antes. Podríamos estar hablando de problemas familiares, pequeños fracasos escolares que le han bloqueado, haber sido rechazada por sus amigas, no considerarse querida por las profesoras, etc. Como los períodos sensitivos juegan a nuestro favor, por lo general con amor, motivaciones positivas y paciencia se puede corregir el problema.
La generosidad y el servicio a los demás: Además de vuestro ejemplo, debéis proporcionarles diferentes oportunidades para darse a los demás. Por ejemplo: Ayudando en casa, cuidando a un hermano, prestando cosas a los amigos, tomando la peor parte en el postre, repartiendo golosinas, enseñarles a no elegir lo mejor, a saber conformarse, saber perdonar, acordarse de dar las gracias, pedir las cosas por favor… A esta edad, debería entusiasmarles llevar a la práctica este tipo de acciones.
Están llegando al umbral de la adolescencia, edad en donde el retroceso es inevitable, se distancian de los padres y la afirmación egoísta del YO vuelve a ser natural, por tanto se deben poner todos los medios a su alcance para favorecer actitudes de generosidad y respeto y para que la comunicación entre padres e hijos no se cierre. Deben saber que estáis dispuestos a ayudarles.
La responsabilidad: Los períodos sensitivos relacionados son: el amor a la justicia, la disposición a ayudar, el deseo de quedar bien y el afán de superación.
La Fe: La herencia más importante que unos padres pueden dejar a sus hijos son sus creencias, es decir, unos valores que sirvan para orientar su vida. Los hijos necesitan alimentar su espíritu; si los padres no les enseñan a buscar la verdad, otros se encargarán de enseñarles su verdad (la TV por ejemplo). Y si no llegan a encontrar ninguna, entrarán a formar parte de ese “VACÍO ESPIRITUAL” tan frecuente hoy en día.
Se acaba la edad propicia para que hagan suyas las creencias en Dios, para conocer bastante en profundidad la doctrina de la Iglesia, para continuar las prácticas de piedad por amor, sin rutina y acercarse con frecuencia a la confesión y a la Eucaristía y para que el amor a Dios sea una consecuencia LIBRE de sus creencias.
No olvidemos que la formación religiosa de los hijos corresponde a la responsabilidad directa de los padres.
____________________________
María González Elespe
Licenciada en Psicopedagogía.
Diploma en Magisterio en Primaria.
CAP en Lengua y Literatura.
Actualmente es la coordinadora de Formación de 5º y 6º EP.
Preguntas y comentarios al autor de este artículo
A esto me refiero con los períodos sensitivos.
La edad de oro de aprendizaje de los hijos suele terminar antes de los 12 años, ya que el 80% de los períodos sensitivos transcurren en ese tiempo. Si se dedica tiempo a la formación de los hijos hasta esa edad, nos evitaremos la mayor parte de los problemas que surgen en la edad adolescente.
Hablemos brevemente de cada uno de ellos:
El estudio: están viviendo períodos sensitivos como el afán por aprender y la tendencia a la curiosidad. Saber cosas nuevas les apasiona, por lo que cuando una niña no estudia hay que pensar que existe un problema y la única forma de que se recupere es descubrirlo cuanto antes. Podríamos estar hablando de problemas familiares, pequeños fracasos escolares que le han bloqueado, haber sido rechazada por sus amigas, no considerarse querida por las profesoras, etc. Como los períodos sensitivos juegan a nuestro favor, por lo general con amor, motivaciones positivas y paciencia se puede corregir el problema.
La generosidad y el servicio a los demás: Además de vuestro ejemplo, debéis proporcionarles diferentes oportunidades para darse a los demás. Por ejemplo: Ayudando en casa, cuidando a un hermano, prestando cosas a los amigos, tomando la peor parte en el postre, repartiendo golosinas, enseñarles a no elegir lo mejor, a saber conformarse, saber perdonar, acordarse de dar las gracias, pedir las cosas por favor… A esta edad, debería entusiasmarles llevar a la práctica este tipo de acciones.
Están llegando al umbral de la adolescencia, edad en donde el retroceso es inevitable, se distancian de los padres y la afirmación egoísta del YO vuelve a ser natural, por tanto se deben poner todos los medios a su alcance para favorecer actitudes de generosidad y respeto y para que la comunicación entre padres e hijos no se cierre. Deben saber que estáis dispuestos a ayudarles.
La responsabilidad: Los períodos sensitivos relacionados son: el amor a la justicia, la disposición a ayudar, el deseo de quedar bien y el afán de superación.
La Fe: La herencia más importante que unos padres pueden dejar a sus hijos son sus creencias, es decir, unos valores que sirvan para orientar su vida. Los hijos necesitan alimentar su espíritu; si los padres no les enseñan a buscar la verdad, otros se encargarán de enseñarles su verdad (la TV por ejemplo). Y si no llegan a encontrar ninguna, entrarán a formar parte de ese “VACÍO ESPIRITUAL” tan frecuente hoy en día.
Se acaba la edad propicia para que hagan suyas las creencias en Dios, para conocer bastante en profundidad la doctrina de la Iglesia, para continuar las prácticas de piedad por amor, sin rutina y acercarse con frecuencia a la confesión y a la Eucaristía y para que el amor a Dios sea una consecuencia LIBRE de sus creencias.
No olvidemos que la formación religiosa de los hijos corresponde a la responsabilidad directa de los padres.
____________________________
María González Elespe
Licenciada en Psicopedagogía.
Diploma en Magisterio en Primaria.
CAP en Lengua y Literatura.
Actualmente es la coordinadora de Formación de 5º y 6º EP.
Preguntas y comentarios al autor de este artículo
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lunes, 25 de septiembre de 2017
Cuántas manos educan a mi hijo
Algunas situaciones que suceden con frecuencia y damos pautas de cómo manejarlas, pero siempre teniendo en cuenta que los padres son los responsables de la educación de sus hijos y que sólo ellos trazan la línea.
Por: Cecilia Fontaine T.

A la educación que damos como padres, se suman una serie de comentarios, consejos y críticas sobre nuestro papel sin que los hayamos pedido. ¿Cómo controlar y aprovechar esas situaciones?
Los abuelos, las nanas, los cuñados y las amigas, todos quienes tienen relación con la familia, influyen de una u otra manera en la educación de los hijos. A continuación señalamos algunas situaciones que suceden con frecuencia y damos pautas de cómo manejarlas, pero siempre teniendo en cuenta que los padres son los responsables de la educación de sus hijos y que sólo ellos trazan la línea.
Situación 1: Los abuelos
Existen dos tipos de abuelos: los regalones y los ayudadores. Los primeros sólo buscan que los nietos estén felices con ellos y para eso se desviven por hacerlo que los niños quieran, los llenan de regalos y dulces.
Los ayudadores, en cambio, quieren apoyar a los papás en lo que pueden. Las mamás viven en una vertiginosa carrera entre el trabajo, las compras, los turnos y la casa. El papel de los abuelos es fundamental porque tienen la experiencia, la sensatez, el criterio y el amor para ayudar en la educación de los nietos.
No se trata de opinar y corregir sobre el manejo de la casa, la comida o si el niño tiene que ponerse el chaleco o no. Su papel está en ayudar a desarrollar a esos niños como personas, reforzarlos en el plano espiritual. Así, por ejemplo, de chicos, les pueden enseñar a ser cariñosos, a desarrollar algunas virtudes, y, más grandes, comentar con ellos las noticias del diario, llevarlos al teatro, etc.
Por supuesto que el lado "regalador" también puede estar presente. Es parte del ser abuelos. Pero teniendo cuidado en "no atornillar al revés" que los padres. La mejor manera de hacerlo es preguntándose si así ayudan a la educación de sus nietos o no.
Y si el abuelo o la abuela creen que algo anda mal en esa familia, claro que puede hablar con su hijo o hija. Esperar el momento apropiado, invitarlo, por ejemplo a almorzar, y dar un buen consejo, es parte de su papel. Los abuelos pueden ayudar mucho, sin necesidad de ser "metidos".
Una buena relación entre abuelos y nietos es un maravilloso tesoro para los niños. Si hay confianza, cariño y respeto, pueden conversar cualquier cosa y preguntarles todas sus inquietudes, incluso más que a los papás. y los niños podrán aprender muchas cosas que sólo la experiencia da.
Situación 2: La nana
La nana es una persona que está en estrecho contacto con nuestros hijos por lo que hay que elegirla muy bien. La elección será distinta si la mamá trabaja fuera del hogar, que si está en la casa. Si trabaja, la nana será la autoridad de los niños durante gran cantidad de horas y hay que darles instrucciones claras.
El momento de la entrevista es fundamental: hay que preguntarle de todo. Y también establecer las normas de la casa: horarios, comida, orden, jamás pegarle a un niño, que la que castiga es la mamá, que no vea televisión con los niños, etc.
Claro que muchas veces cuesta tener autoridad y que, de verdad, obedezca una orden tan simple como que el niño no coma a deshora o que no duerma siesta. En estos casos, es bueno apoyarse en alguna autoridad "superior": "el doctor dice que no puede comer a deshora porque está con sobrepeso y se va a enfermar. .." "el papá no quiere que duerma siesta. .."
Para que la nana trate bien a los niños y respete la autoridad de la mamá, lo fundamental es tratarla con cariño, enseñarle con paciencia, celebrarle lo que hace bien y tenerle comodidades en su pieza. Sólo así va a responder bien. Tiene que saber que le confiamos lo más precioso, nuestros hijos y que si miente, le perderemos esa confianza.
Muchas veces, nuestra única forma de control serán los propios niños. Preguntarles, por ejemplo, por la comida o si vieron TV, será la mejor manera de saber qué pasó -los niños no mienten- y de que ella sepa que la mamá está al tanto de todo.
Situación 3: La familia
Los más típicos se producen por la comparación: ellos tienen, yo no; ellas pueden, yo no. Aquí hay que ser muy claros como papás: las comparaciones no son buenas porque cada familia es distinta. Si no pueden tener un juguete por problemas de plata, habrá que explicarles a los niños que no pueden tener lo mismo, que hay gente pobre que no tiene l nada y que ellos tienen suerte de tener un montón de cosas.
Otras veces la explicación será por el lado de que hay cosas que no calzan con la familia, que cada uno tiene su estilo de vida y que no nos gustan ciertas actitudes o permisos. Lo importante es siempre dar una explicación simple y concreta y estar seguros: si uno está convencido, convence.
Respecto a esos miembros de la familia que opinan sobre todo y se meten a educar a los otros, hay que hablarles claro y, con cariño, pedirles que no se metan y nos dejen a nosotros con nuestros problemas. Además, es bueno saber que la mejor forma de ayudar es con el ejemplo. Si la otra familia es alegre, obediente, ordenada, uno se pregunta por qué, se comienza a fijar y aprende.
Los mayores roces se producen, muchas veces, en los veraneos familiares. Establecer reglas claras y tener paciencia son las claves para la armonía familiar.
Situación 4: Los amigos
Nunca va a faltar la que le sacó los pañales al año, no le costó nada que el niñito dejara el chupete, que su hija come de todo. Vive contando las maravillas de sus hijos y la miramos sin poder decir nada.
A veces nos sentimos incómodos, otras, malos padres o con hijos raros, y otras, muy molestos.
Cuando esa "amiga" aparezca, lo más importante es saber que esa lista de "records" del niño y de la madre no significan nada. En la vida nadie es mejor o peor porque se sacó los pañales al año o a los tres años, ni porque dejó el chupete antes o después. Cada niño tiene su ritmo y cada familia es distinta, lo que hay que respetar.
Muchas veces, será la vida quien nos a irá mostrando qué amigas valen la pena y cuáles no. La frívola y la negativa, no aportan mucho. Esa amiga preocupada, cariñosa, que busca ayudar de verdad, podrá darnos un consejo útil que siempre será bien recibido.
En cualquier situación, es importante tener presente que:
Estrategias para contestar sin llegar al conflicto
Los abuelos, las nanas, los cuñados y las amigas, todos quienes tienen relación con la familia, influyen de una u otra manera en la educación de los hijos. A continuación señalamos algunas situaciones que suceden con frecuencia y damos pautas de cómo manejarlas, pero siempre teniendo en cuenta que los padres son los responsables de la educación de sus hijos y que sólo ellos trazan la línea.
Situación 1: Los abuelos
- "La abuela encuentra que la sopa de mi hija está mal hecha porque no tiene suficiente acelga; me hace ponerle un gorro de lana cada vez que me voy de su casa, aunque haga calor; y encuentra que duerme demasiado poco".
- "La abuela, cada vez que vamos a verla, les tiene unos regalos increíbles. Ellos sólo quieren ir por los regalos, pero ella no se da cuenta".
- "Estoy tratando de que mi hija no coma dulces ni chocolates porque está con sobrepeso, pero los abuelos la llenan de dulces cada vez que pueden".
Existen dos tipos de abuelos: los regalones y los ayudadores. Los primeros sólo buscan que los nietos estén felices con ellos y para eso se desviven por hacerlo que los niños quieran, los llenan de regalos y dulces.
Los ayudadores, en cambio, quieren apoyar a los papás en lo que pueden. Las mamás viven en una vertiginosa carrera entre el trabajo, las compras, los turnos y la casa. El papel de los abuelos es fundamental porque tienen la experiencia, la sensatez, el criterio y el amor para ayudar en la educación de los nietos.
No se trata de opinar y corregir sobre el manejo de la casa, la comida o si el niño tiene que ponerse el chaleco o no. Su papel está en ayudar a desarrollar a esos niños como personas, reforzarlos en el plano espiritual. Así, por ejemplo, de chicos, les pueden enseñar a ser cariñosos, a desarrollar algunas virtudes, y, más grandes, comentar con ellos las noticias del diario, llevarlos al teatro, etc.
Por supuesto que el lado "regalador" también puede estar presente. Es parte del ser abuelos. Pero teniendo cuidado en "no atornillar al revés" que los padres. La mejor manera de hacerlo es preguntándose si así ayudan a la educación de sus nietos o no.
Y si el abuelo o la abuela creen que algo anda mal en esa familia, claro que puede hablar con su hijo o hija. Esperar el momento apropiado, invitarlo, por ejemplo a almorzar, y dar un buen consejo, es parte de su papel. Los abuelos pueden ayudar mucho, sin necesidad de ser "metidos".
Una buena relación entre abuelos y nietos es un maravilloso tesoro para los niños. Si hay confianza, cariño y respeto, pueden conversar cualquier cosa y preguntarles todas sus inquietudes, incluso más que a los papás. y los niños podrán aprender muchas cosas que sólo la experiencia da.
Situación 2: La nana
- "No quiero que mi hijo siga durmiendo siesta porque después no hay cómo acostarlo en la noche, pero la nana insiste en que el niño se pone "nervioso" sin siesta y lo hace dormir igual".
- "Ya tiene más de un año y puede comer de todo, pero la nana le sigue dando sopa cuando yo no estoy".
- "Mi hija ha aprendido de la nana un montón de palabras que yo no quiero que diga y también ahora tiene miedo a los ladrones ya los terremotos por lo que ella le cuenta".
La nana es una persona que está en estrecho contacto con nuestros hijos por lo que hay que elegirla muy bien. La elección será distinta si la mamá trabaja fuera del hogar, que si está en la casa. Si trabaja, la nana será la autoridad de los niños durante gran cantidad de horas y hay que darles instrucciones claras.
El momento de la entrevista es fundamental: hay que preguntarle de todo. Y también establecer las normas de la casa: horarios, comida, orden, jamás pegarle a un niño, que la que castiga es la mamá, que no vea televisión con los niños, etc.
Claro que muchas veces cuesta tener autoridad y que, de verdad, obedezca una orden tan simple como que el niño no coma a deshora o que no duerma siesta. En estos casos, es bueno apoyarse en alguna autoridad "superior": "el doctor dice que no puede comer a deshora porque está con sobrepeso y se va a enfermar. .." "el papá no quiere que duerma siesta. .."
Para que la nana trate bien a los niños y respete la autoridad de la mamá, lo fundamental es tratarla con cariño, enseñarle con paciencia, celebrarle lo que hace bien y tenerle comodidades en su pieza. Sólo así va a responder bien. Tiene que saber que le confiamos lo más precioso, nuestros hijos y que si miente, le perderemos esa confianza.
Muchas veces, nuestra única forma de control serán los propios niños. Preguntarles, por ejemplo, por la comida o si vieron TV, será la mejor manera de saber qué pasó -los niños no mienten- y de que ella sepa que la mamá está al tanto de todo.
Situación 3: La familia
- "Los primos tienen Nintendo, pero yo creo que mi hijo, aunque tiene la misma edad, es todavía muy chico para tenerlo".
- "Mi hijo no se atrevía a meterse en la piscina y mi cuñado dijo que él le iba a enseñar. Lo pescó de un salto y lo metió al agua. Resultado: llanto de una hora y más terror al agua. Ahora sí que no mete ni el dedo gordo".
- "Mi hija reclama que en la casa de los primos siempre hay juguetes más entretenidos, se come más rico y los papás son más simpáticos porque los dejan hacer cosas que yo no dejo".
Los más típicos se producen por la comparación: ellos tienen, yo no; ellas pueden, yo no. Aquí hay que ser muy claros como papás: las comparaciones no son buenas porque cada familia es distinta. Si no pueden tener un juguete por problemas de plata, habrá que explicarles a los niños que no pueden tener lo mismo, que hay gente pobre que no tiene l nada y que ellos tienen suerte de tener un montón de cosas.
Otras veces la explicación será por el lado de que hay cosas que no calzan con la familia, que cada uno tiene su estilo de vida y que no nos gustan ciertas actitudes o permisos. Lo importante es siempre dar una explicación simple y concreta y estar seguros: si uno está convencido, convence.
Respecto a esos miembros de la familia que opinan sobre todo y se meten a educar a los otros, hay que hablarles claro y, con cariño, pedirles que no se metan y nos dejen a nosotros con nuestros problemas. Además, es bueno saber que la mejor forma de ayudar es con el ejemplo. Si la otra familia es alegre, obediente, ordenada, uno se pregunta por qué, se comienza a fijar y aprende.
Los mayores roces se producen, muchas veces, en los veraneos familiares. Establecer reglas claras y tener paciencia son las claves para la armonía familiar.
Situación 4: Los amigos
- "¡Todavía con chupete!", dice mi amiga cada vez que ve a mi hija de tres años. Es verdad que está grande, pero ya se le pasará. .."
- "Mira, la Isabelita, antes de los dos años ya no usaba pañales", me cuenta una amiga, pero lo que quiere decir es: "Yo lo hago todo bien".
- "Cuando me quedé esperando guagua, una amiga me contó todo lo que iba a pasar, desde las náuseas hasta las noches sin dormir cuando nació la guagua; ¡quedé plop!, y no sabía si estaba tan feliz".
Nunca va a faltar la que le sacó los pañales al año, no le costó nada que el niñito dejara el chupete, que su hija come de todo. Vive contando las maravillas de sus hijos y la miramos sin poder decir nada.
A veces nos sentimos incómodos, otras, malos padres o con hijos raros, y otras, muy molestos.
Cuando esa "amiga" aparezca, lo más importante es saber que esa lista de "records" del niño y de la madre no significan nada. En la vida nadie es mejor o peor porque se sacó los pañales al año o a los tres años, ni porque dejó el chupete antes o después. Cada niño tiene su ritmo y cada familia es distinta, lo que hay que respetar.
Muchas veces, será la vida quien nos a irá mostrando qué amigas valen la pena y cuáles no. La frívola y la negativa, no aportan mucho. Esa amiga preocupada, cariñosa, que busca ayudar de verdad, podrá darnos un consejo útil que siempre será bien recibido.
En cualquier situación, es importante tener presente que:
- Los padres son los responsables de la educación de los hijos y son ellos quienes determinan horarios, normas y el estilo de vida.
- Pero hay que oír, comparar y evaluar. Habrá veces que nos darán un buen consejo o aprenderemos con la comparación, pero siempre hay que tener presente que son los padres los que deciden y se responsabilizan por eso.
- Otras veces habrá que hacer callar, con toda tranquilidad.
- Los padres tratamos de hacerlo bien y de no equivocarnos, pero, si eso pasa, hay que sacar lo mejor de la situación y seguir adelante.
Estrategias para contestar sin llegar al conflicto
- No lea entre líneas: todos queremos ser buenos padres y que nos vean así. Por eso, una simple sugerencia – como "no tienes que levantarlo cada vez que llore" – pede ser tomada como un ataque personal. No hay que darle más importancia de lo que se dice.
- Asuma que un consejo amistoso no es más que eso: los abuelos, hermanos, cuñados y amigos nos quieren y por eso sólo están tratando de ayudar.
- Déjelos hablar: muchos se conforman con sólo dar un consejo. Otras veces, puede preguntarle por qué lo dice y así entender hacia lo que va la persona… Puede hasta terminar encontrándole la razón.
- No se crea un sabelotodo: hay que estar abierto a que el otro puede tener razón y reconocer que tenemos dudas acerca de las decisiones que tomamos. Frases como "Yo también estoy preocupado por eso…" o "Te voy a explicar por qué actúo así" o "No estoy segura si tomé la decisión correcta", ayudan a mantener una conversación que puede ser de gran ayuda.
- Decir lo que nos molesta: no se trata de hacer un comentario irónico o juzgar a otro, pero ser sincero y honesto. Cuando un comentario nos molestó es muy bueno decirlo para mantener una relación sana con los demás.
Fuente: Catholic.net
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